TDD

    Qué incluye un Technical Due Diligence según criterios técnicos independientes

    Por Verónica Martín Tolosa MRICS (VMT 305) · Madrid

    Fachada de edificio de oficinas en Madrid al atardecer, referencia de due diligence técnica

    La mayoría de informes TDD que llegan a un comité de inversión son incompletos. No porque el consultor no sea capaz. Sino porque nadie les ha exigido que lo sean.

    Un TDD puede ser un documento de 20 páginas con fotos y un resumen ejecutivo tranquilizador. O puede ser el análisis técnico que realmente protege la decisión de inversión. La diferencia no está en el grosor del informe. Está en lo que se ha verificado, cómo, y con qué estándar de referencia.

    Los criterios técnicos independientes para Technical Due Diligence no son una etiqueta de calidad. Son un protocolo de verificación que define qué debe analizarse, con qué profundidad, y qué debe quedar documentado. Cuando un TDD se elabora bajo esos estándares, el comité de inversión recibe algo que puede usar para tomar decisiones. No solo para justificarlas.

    Lo que un TDD riguroso debe incluir

    1. Estado estructural y envolvente

    No basta con confirmar que el edificio está en pie. Un TDD riguroso evalúa el estado de la estructura portante, la cubierta, la fachada y los elementos de cerramiento. Identifica patologías existentes, valora su evolución probable y cuantifica el coste de intervención. La diferencia entre «cubierta con filtraciones» y «cubierta con vida útil remanente de 3 años y coste de sustitución de 180.000 €» es la diferencia entre una advertencia y una decisión.

    2. Instalaciones técnicas

    Climatización, ventilación, fontanería, contraincendios, electricidad, ascensores, sistemas de seguridad. Cada instalación tiene una vida útil, un estado actual y un coste de adecuación. Un buen TDD evalúa el estado real de cada una, contrasta con la normativa vigente y proyecta el CAPEX necesario en los próximos 5 y 10 años.

    3. Cumplimiento normativo

    Normativa urbanística, licencias de actividad y obra, certificado de eficiencia energética, accesibilidad, protección contra incendios. Los activos que han cambiado de uso o han sido reformados sin los permisos correspondientes generan contingencias que pueden paralizar operaciones. Detectarlas antes del cierre es parte del trabajo.

    4. Eficiencia energética y huella de carbono

    Ya no es suficiente con tener la etiqueta energética del edificio. Los fondos con mandato ESG necesitan datos reales de consumo, análisis de la brecha entre el rendimiento certificado y el rendimiento real, y un plan de mejora verificado. Sin eso, los activos no pueden acreditar los criterios que los grandes inversores institucionales exigen hoy.

    5. CAPEX estimado a 5 y 10 años

    No un número. Una estimación detallada por partida, con fuentes documentadas, precios de mercado actuales y calendario de intervención previsto. La estimación de CAPEX es la parte del TDD que más impacta en la negociación del precio y en la estructuración financiera de la operación.

    6. Riesgos técnicos priorizados

    Un buen TDD no lista problemas. Los prioriza. Clasifica cada riesgo según su impacto económico, urgencia de intervención y probabilidad de materialización. El comité de inversión necesita saber cuáles son los tres riesgos que pueden hacer que la operación no funcione — no leer 40 páginas de observaciones técnicas sin jerarquía.

    Por qué la mayoría de TDDs se quedan cortos

    El problema más frecuente no es la falta de experiencia técnica. Es la falta de independencia y de tiempo.

    Un TDD elaborado en 48 horas para no perder el plazo de exclusividad es un TDD incompleto. Un TDD elaborado por una consultora que también quiere el mandato de Project Management tiene un conflicto de interés que afecta a sus conclusiones. Y un TDD que no incluye verificación documental —solo inspección visual— deja fuera las contingencias urbanísticas y normativas que suelen ser las más caras de resolver.

    La independencia no es un valor añadido en un TDD. Es el requisito mínimo.

    Qué pasa cuando el TDD falla

    La respuesta habitual es que el riesgo se materializa después del cierre, cuando ya no hay negociación posible. Una cubierta que falla a los 18 meses. Un ascensor que no cumple normativa y hay que sustituir. Una licencia de actividad que no ampara el uso real. Un sistema contraincendios que no supera la revisión anual.

    En todos estos casos, el coste real de la adquisición era superior al precio de compra. Y había señales que una due diligence técnica rigurosa habría detectado.

    El TDD como herramienta de negociación

    Cuando el TDD es completo, se convierte en un argumento de negociación. Cuantifica los riesgos en términos económicos y permite al comprador ajustar el precio, exigir retenciones al vendedor o estructurar garantías específicas. Un TDD que identifica un CAPEX obligatorio de 600.000 € no paraliza la operación. La hace más precisa.

    En VMT elaboramos Technical Due Diligence bajo criterios técnicos independientes en un plazo de 10 a 15 días. Con inspección técnica presencial, verificación documental completa y un informe estructurado para comités de inversión.

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